«Los sumerios no son tan diferentes a nosotros» José Antonio Argüello Zavalla
- Clio

- 16 abr
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¿Quién es?
José Antonio Argüello Zavala es un destacado arqueólogo e historiador mexicano, cuya trayectoria académica y profesional se ha caracterizado por el estudio profundo de las civilizaciones del Oriente Próximo antiguo. Formado en las instituciones más emblemáticas de México, es Licenciado en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) y Maestro en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su labor investigadora se distingue por una capacidad única para conjugar la evidencia material con el análisis filológico.
Entre sus líneas de especialización destacan:
Epigrafía Nabatea: El estudio de las inscripciones y la cultura de la ciudad de Petra (Jordania).
Arqueología Hidráulica: La investigación de los sistemas de gestión del agua en la antigua Sumeria (Mesopotamia).
Historiografía y Coleccionismo: El análisis de la recepción y presencia de materiales mesopotámicos en las colecciones nacionales de México.
Actualmente, el Maestro Argüello Zavala desarrolla su investigación doctoral en el Instituto Bíblico y Oriental (IBO) en Cistierna (León, España), donde ostenta la distinción de ser el primer doctorando extranjero de dicha institución. Su trabajo no solo representa un puente cultural entre México y el mundo mediterráneo y oriental, sino que aporta una visión crítica y renovada sobre cómo las sociedades antiguas resolvieron desafíos que, como la gestión de recursos hídricos, siguen vigentes en la actualidad. A través de esta entrevista, exploramos la visión de un académico que ha dedicado su vida a descifrar las voces del pasado para comprender mejor los retos del presente.
A través de esta entrevista, exploramos la visión de un académico que ha dedicado su vida a descifrar las voces del pasado para comprender mejor los retos del presente.
1. Es usted uno de los pocos especialistas mexicanos en Oriente Próximo. ¿Cuáles son los mayores retos de estudiar una cultura tan lejana geográficamente desde las instituciones mexicanas?
Vaya, pues mira, es una pregunta bastante extensa que tiene tela de donde cortar. No es que México esté ajeno a otras culturas, de hecho, hay varios institutos que se dedican a explorar otras regiones del mundo bastante fuertes, bastante poderosos, o sea, en cuestiones de calidad académica. [...] Uno de ellos es el Colegio de México, que tiene un centro que se llama Centro de Estudios de Asia y África, que por lo general en la actualidad es más de carácter antropológico, histórico, lingüístico; pero en sus momentos estaba Jorge Silva Castillo, que era un especialista en lenguas acadias y es el primero que hace la traducción del Gilgamesh al español. Otro es la UNAM, la Universidad Nacional Autónoma de México, que también tiene un centro o algo similar que se dedica a estudios de Asia y África, pero más en el asunto contemporáneo. El problema viene más en cuestiones del parámetro cronológico. Sí hay mucha investigación sobre historia contemporánea relacionada con otros espacios del mundo, pero hay un vacío que es la Antigüedad. Y tiene una razón lógica: porque México se ha concentrado más bien en sus propias antigüedades, en comprender sus propios orígenes, y de ahí ha buscado ciertos tipos de paralelismos.
[...] Una de las arqueólogas más prestigiosas, yo creo que del mundo, es la doctora Linda Manzanilla Naim, de origen mexicano, que tiene varias especialidades; una de ellas es egiptología y estudios de Oriente Próximo. Tiene dos obras fundamentales para comprender, por ejemplo, el desarrollo de los estados tempranos, que los ha extrapolado para comprender ciudades tan complejas como Teotihuacán.
Entonces sí hay ejemplos puntuales de orientalistas mexicanos, pero no hay como tal una tradición o un centro exclusivo. Son muchas veces la propia iniciativa o una pequeña ventana que se abre para dedicarse a este tema. En mi caso, pues sí soy de los pocos de mi generación que se ha dedicado a este tema exclusivamente. En la licenciatura me dediqué a Mesopotamia, a colecciones mesopotámicas mexicanas. Para el máster me dediqué a la cultura nabatea, y actualmente me he decantado por una discusión de carácter más historiográfico y filológico que es la reconstrucción del paisaje mesopotámico desde las fuentes textuales, porque finalmente estoy en el campo de la historia.
Entonces sí es complicado, pero gracias a que cada vez las fronteras son más pequeñas, pues hay estas oportunidades de dialogar con otras personas del exterior. Y en Latinoamérica empiezan a haber varios lugares que empiezan a discutir sobre Oriente Próximo, que es una mirada muy distinta a lo que se hace en las grandes universidades europeas, pero ya empieza a sobresalir que las voces latinoamericanas incursionan en estos campos.
2. ¿Encuentra paralelismos entre las civilizaciones mesoamericanas y mesopotámicas, por ejemplo en términos de organización social, hidráulica o escritura?
Sí, e incluso ha habido orientalistas que han buscado paralelismos en Mesoamérica. Por ejemplo, Robert McAdams, que hizo una reconstrucción arqueológica (lo que se conoce como patrones de asentamiento) en el sur de Irak para delimitar sitios en relación a los canales de agua, y también hizo algo similar en Mesoamérica. Otro es Kent Flannery, que buscó los inicios de la domesticación en Oriente Próximo, pero también lo buscó en el Valle de Oaxaca.
[...] Lo que pasa es que Mesoamérica es de esos lugares en el mundo donde estos fenómenos del nacimiento del Estado están ahí. Obviamente con sus claras diferencias; una de ellas va a ser la escritura. No quiere decir que en Mesoamérica no haya escritura, si que la hay, pero el corpus textual es muy pequeño en comparación a la gran cantidad de tablillas que existen en Oriente Próximo.
Pero hay paralelismos. Se ha hecho desde una visión mucho más arqueológica que histórica, pero sí podemos encontrar todos estos fenómenos: comercio a larga distancia, el nacimiento de la agricultura, domesticación animal... Pero hay factores que sí son muy diferentes, muy únicos. [...] Ahora, por ejemplo, en lo que estoy trabajando en cuanto a reconstruir el paisaje mesopotámico, me estoy apoyando mucho de textos antropológicos e históricos aplicados a Mesoamérica para organizar y entender, también desde las lenguas mesoamericanas, cómo se reconstruye históricamente dicho paisaje desde fuentes y desde arqueología; o sea, la mirada mexicana que hay ahí.
Porque finalmente los historiadores tienen que buscar sus síntesis explicativas de lo que tratan de explicar. Yo tengo muy en mente de que mi visión parte de México. Tal vez no sé si sea lo mejor o lo peor, pero esa es mi visión: lo que yo he aprendido desde mi propia tradición tanto arqueológica como histórica para tratar de ver cómo veo al Oriente como una mirada ajena del otro para comprender también lo mismo que sucede en mi país.
3. Su investigación doctoral trata sobre el paisaje hidráulico sumerio. ¿Era el control del agua una herramienta de poder político absoluto en Mesopotamia, o era más bien una gestión comunitaria y colaborativa?
Mira, eso tiene tela de donde cortar. Primero porque tenemos el concepto de "despotismo oriental" que no es aplicable al caso mesopotámico ni mesoamericano. Lo intentaron extrapolar algunos autores de filiación marxista en México, sobre todo con este concepto del "modo de producción asiático", una lectura más acercada al materialismo histórico. Pero muchas veces estas teorías en sí no conocen los factores particulares que hay en determinada región o cultura.
Hablar de un despotismo oriental desde una perspectiva sacada de las academias occidentales cuando se analiza ya el campo mesopotámico es un error, porque en sí no hay una organización o un sistema que controle despóticamente los controles de agua. Falta mucha profundización en ese campo. En Mesopotamia muy pocas ciudades han sido excavadas en su totalidad como para que tengamos un panorama global de lo que sucede. Hay muchas hipótesis incluso de cómo nombrar ciertos dispositivos relacionados con la gestión hidráulica: si funcionaban como un divisor de canales, como una especie de presa o como una zanja más. Hay una gran discusión filológica, pero también falta la parte material.
También está la parte de las aldeas. Esa es una propia crítica que podemos hacer del orientalismo: se concentró tantos años en tratar de conceptualizar o de conocer las grandes urbes, las historias de los reyes, de los héroes de la literatura mesopotámica, que siempre quedó debajo el aspecto de la vida cotidiana, el aspecto social, el aspecto más básico y el de la aldea. Falta conocer esos pequeños espacios de la vida comunitaria. Se han excavado barrios o asentamientos más pequeños, pero siento que hay un gran vacío.
Hay una expresión en un manual de Marc Van De Mieroop sobre el orientalismo donde define que estudiar al Medio Oriente es como entrar a una habitación con poca luz: va a haber aspectos que vas a ver mejor y otros que vas a ver más oscuros. En el caso de la vida comunitaria de las pequeñas aldeas y su gestión de las aguas, es una cosa que está por hacerse. Aparte, por ejemplo, los sumerios tienen pocos años de ser redescubiertos. Ustedes que están aquí en España tienen una gran tradición grecolatina desde hace muchísimos siglos, pero los sumerios apenas se descubrieron a finales del siglo XIX. Prácticamente muchas cosas están por hacer.
4. En su investigación sobre el paisaje hidráulico sumerio, ¿cómo cree que el estudio del paisaje —no solo como espacio físico, sino como construcción social e histórica— puede ayudarnos a replantear la historiografía de otras épocas? ¿Qué importancia cree que tiene la historiografía del paisaje para la historia en general?
Aventurarse a nuevas culturas y nuevas propuestas es fundamental. Ya ha habido varios autores dedicados a escribir sobre el paisaje hidráulico sumerio, pero siempre ha sido desde extremos: o desde la arqueología o desde la filología. Pero en este caso, yo siento que incluir temas relacionados con el Oriente Antiguo en los planes de estudio de Historia o de Arqueología es fundamental para comprender el desarrollo de ciertos fenómenos de carácter social.
No es porque haya ausencia o presencia de ciertos factores o porque lo más antiguo tenga que tener mayor predominancia, aunque sea una obsesión del arqueólogo y del historiador buscar "el origen" de todo. En el Oriente Próximo es un laboratorio de experimentación social porque te permite dialogar con las fuentes, con la escritura y con un marco cronológico que es muy diferente. Un historiador de la Edad Media está muy delimitado en qué periodo estudiar. En el caso del Oriente Próximo contamos en milenios, no en siglos.
Esto nos permite ir rompiendo paradigmas que en la tradición decimonónica se mencionan, como la "Revolución Neolítica" o la "Revolución Urbana". Se ha visto que muchos de estos modelos se han venido abajo con nuevos yacimientos. Un ejemplo muy puntual sería Göbekli Tepe o Karahan Tepe en Anatolia, que rompen con esta idea de que la agricultura es el motor de las sociedades complejas.
El Oriente Próximo es un buen laboratorio para entender el desarrollo humano de manera global. Incluso hoy que vivimos una época de disputas políticas, problemas ecológicos y económicos, el Oriente te obliga a pensar y reflexionar sobre esas situaciones. Estamos escribiendo desde el presente y analizando el pasado.
5. ¿Qué aspectos del estudio del Oriente Próximo antiguo le parecen más prometedores para nuevas investigaciones?
Lamentablemente es una región que siempre ha estado en conflicto. En algunos momentos hay lugares más estables que han permitido excavaciones o prospecciones que nos han obligado a plantear nuevas ideas. No nos podemos desentender de los fenómenos que acontecen hoy en día, pero también nos obliga a decir: "bueno, no podemos ir ahora al sur de Irak, pero vemos qué material hay disponible".
Hay muchas tablillas y textos que siguen sin descifrar, colecciones que siguen sin ser estudiadas y paradigmas por replantear. La historiografía antiguo-oriental es una tarea pendiente. Hay pocas obras que reflexionen sobre el papel del Oriente Próximo como disciplina. Se pueda o no estar en esos lugares físicamente, hay maneras de hacer cosas originales que contribuyan al quehacer histórico y científico.
5.1 ¿También los nuevos avances en tecnología arqueológica han ayudado?
Eso ha ayudado mucho, sobre todo en la creación de corpus digitales. Antiguamente uno tenía que ir a museos o bibliotecas puntuales para leer estos textos. Ahora poco a poco se están creando corpora de tablillas cuneiformes muy bien organizadas que uno puede estudiar, o digitalizaciones de bibliotecas completas.
La tecnología y el mundo digital han contribuido significativamente. Es una buena forma de conservar o visualizar cosas que antes no se podían registrar. Antes la forma más básica era con cámaras fotográficas o con el dibujo, y ahora hay herramientas que nos permiten hacer modelos en tres dimensiones, fotogrametría o tener bases de datos más completas.
6. ¿Qué le diría a un estudiante de Historia que está dudando si dedicarse al mundo antiguo porque “parece muy lejano” o “poco práctico”?
Nuestra comprensión del mundo antiguo, la de ustedes y la mía, va a ser muy distinta porque ustedes nacen en un entorno donde predomina lo grecorromano y lo tienen al alcance de sus manos; hay muchos yacimientos grecorromanos y anteriores. En mi caso, es una relación muy marcada con el mundo mesoamericano. La diferencia es que el mundo mesoamericano está vivo. Si uno quiere dedicarse al mundo maya, tienes a los mayas viviendo en la actualidad y tienes la facultad de comunicarte en maya. Por eso siempre ha sido en México la historia y el mundo antiguo más apegada al mundo antropológico, porque muchas de esas sociedades siguen vivas; hay algunas que lamentablemente pues han desaparecido por azares de la historia, pues cesan algunas culturas. Pero yo sí animaría al historiador, al estudiante de historia, arqueólogo-historiador o incluso los filólogos que se quieren dedicar exclusivamente al mundo antiguo, a verlo como un reto. Porque te tienes que formar en muchas cosas: te tienes que formar en lenguas antiguas. Si quieres dedicarte a Mesopotamia, por lo menos tienes que aprender sumerio y acadio. No a un nivel filológico si tú eres historiador, pero por lo menos saber dialogar con lo que estás viendo, o sea, de un término o una tablilla a la que te estás enfrentando. No vas a llegar a ese nivel de comprensión que tienen los filólogos, pero sí saber dialogar con esa fuente, y la lengua te da una herramienta más compleja.
Otra cosa también es el dominio de las lenguas modernas. Tienes que leer mucho en italiano, francés, alemán, inglés, árabe (porque también hay arqueólogos y filólogos en el mundo árabe que empiezan a publicar cosas y ellos son los que tienen esos yacimientos). Entonces, dedicarse a la antigüedad, independientemente del periodo que sea, te obliga a fortalecer un montón de herramientas. Que no es por desmeritar a los que se dedican, por ejemplo, a la historia del tiempo presente, pues sus fuentes son archivos digitales, obras que están impresas y muchas veces en su propia lengua materna. Uno que quiere, por ejemplo, si tú te quieres dedicar al mundo romano pues tienes que tener un buen dominio del latín y saber dialogar con las otras corrientes historiográficas del mundo europeo y otros lados, porque pues no solamente el mundo romano se limita a Europa.
Entonces, el investigador del mundo antiguo requiere muchísima preparación, muchísima disciplina, pues es un trabajo que no se acaba.
7. ¿Al llegar a España ha sentido algún tipo de choque cultural en su campo respecto a su tierra natal?
Respecto a la forma de estudio, investigación, restauración y conservación, como se tratan los objetos arqueológicos, interés, etc… En España... pues que va a depender la mirada. Creo que tanto México como España son países que se interesan mucho por su patrimonio, se interesan mucho por su pasado. Lamentablemente hay muchas veces que se politiza o se manipula la historia o se crea un discurso que no se apoya con buen sustento en lo que hacen los historiadores, sobre todo ahora en el mundo digital que se puede decir cualquier barbaridad sobre el pasado. Pero creo que son países que procuran tener como su pasado forma parte de su prestigio cultural. Finalmente somos países hermanados, somos países que hablamos la misma lengua y que tenemos buenos convenios. Si ahora uno va a Madrid pues hay varias exposiciones del mundo mesoamericano; el Museo de América es otro de ellos.
Entonces sí hay una preocupación. No hablo tanto en el tema institucional, pero sí de las personas a pie. Un buen ejemplo es el Instituto Bíblico y Oriental, o sea, gente que vive en la montaña que va a tomar clases de sumerio desde su propia iniciativa, y son gente que se dedican a cosas muy ajenas al mundo académico.
Obviamente la cuestión numérica, pues sí México podría parecer que tiene cierta predominancia, o sea, lo vemos en las clases. Ustedes son, van a una clase de aquí y pues son diez estudiantes. En la UNAM va a una clase en la Facultad de Filosofía y Letras y puede haber cien estudiantes. Pero son por cuestiones de proporción. Pero yo creo que en ambos países hay interés por entender su pasado. Y algo que me gusta de ambos países es que tarde o temprano sale a la mesa con los amigos algún tema relacionado con la historia, si es antigua, moderna, Edad Media, pero se discute. El día a día se discute la historia y eso es algo muy interesante.
8. Pasar tantas horas estudiando civilizaciones que desaparecieron hace miles de años debe dar una perspectiva distinta de la vida. ¿Ha cambiado su forma de ver la vida o su mentalidad de alguna forma?
Sí, te cambia la vida totalmente. Primero porque el trabajo del historiador es a veces muy solitario, es estar todo el día leyendo algo, leyendo algo e incluso la forma en cómo empiezas a dialogar con tu propio mundo cambia. Soy mucho de leer literatura y la forma en cómo lo leía antes a cómo lo leo hoy cambia: el cine, el día a día, la comida. No es que viva uno obsesionado con el Oriente, hay que dejarlo descansar a veces en el armario, pero te crea una sensación muy distinta.
A veces sí tengo una cosa que sí me llega a pasar es que no puedo dejar el chip mesoamericano porque, o sea, mi propia tradición me ha obligado a entender de otra forma lo que sucede en Medio Oriente. Entonces sí me ha sacado a veces varios problemas del Oriente Próximo, porque, por ejemplo, en cuestiones de trabajo: nunca voy a ver un cartel que diga "se solicita asiriólogo", "se solicita experto en sumerio". Entonces pues a veces para la vida cotidiana o la vida práctica pues sí puede ser a veces un problema. Pero no lo podemos abandonar, o sea, está ahí, está ahí y hay que adaptarse.
Pero eso sí, yo siento que conociendo a los colegas de aquí, muchos de ellos tienen los pies sobre la tierra, saben lo que cuesta dedicarse a este mundo y es como convivir con una persona normal; seguimos siendo humanos y no debemos de perder la tierra. No porque te dediques a cierto tema eres diferente al resto del mundo. Claro que tu visión cambia, pero mantenerse siempre anclado al mundo real. O sea, no todo es cuneiforme, no todo son hititas, no todo son sumerios. Yo la verdad preferiría como mi día a día levantarme, tomarme un café, pasear a mis perras y ese sería mi día ideal. Pero pues este mundo fue el que me llamó y pues como es mi profesión pues también lo tengo que cuidar, pero hay que buscar el equilibrio.
Y eso es una reflexión en general: a veces siento que el mundo académico se encierra en su propio mundo y trata al resto de las personas de una manera diferente. No debe de ser así. Finalmente estudiamos humanidades para mejorar a la sociedad, no para juzgarla, no para mantener distancia porque somos parte de ella. Entonces ahí nos empezamos a preguntar: estudiar historia ¿para qué?, arqueología ¿para qué?, lingüística ¿para qué?, filología ¿para qué? Estamos en ese medio y tenemos que saber convivir con nuestros semejantes.
9. ¿Qué crees que tiene Mesopotamia que sigue fascinandonos después de cinco mil años?
Uy, esa es la pregunta que todo el mundo me hace: ¿por qué Mesopotamia? ¿Por qué Mesopotamia y no escogiste otra cosa? En mi ciudad, que es una ciudad pequeña, pequeña de dos millones, pues tengo ciudades arqueológicas, por lo menos tres o cuatro; lo más sencillo es que hubiera dicho "pues aquí tengo mi yacimiento arqueológico todos los días".
Yo creo que puede ser, te lo puedo decir desde experiencias personales o experiencias colectivas o decir que tenía un interés académico o algo que me atrajo, pero siempre me fascinó el mundo antiguo pero de aquellas regiones. Te mentiría si te dijera "fue este momento de mi vida o este episodio clave". Creo que en cierta medida lo condicionó de que cuando era muy niño era muy común que te regalaran libros de catecismo ilustrado con pinturas, y siempre me llamaron la atención mucho los paisajes del Antiguo Testamento: veía los desiertos, las murallas, cosas así.
Entonces ya creciendo en la adolescencia pues cada vez que iba leyendo cositas pues te haces una idea global del mundo antiguo e ibas diciendo "esto me llamó la atención". Porque eso sí: Mesopotamia en cuestiones visuales no es tan atractiva como el antiguo Egipto o como Grecia y Roma. Es arcilla. Arcilla y más arcilla. Sí hay grandes piezas, como las que están en Londres o en el Louvre, pero creo que es más una especie de encontrar paralelismos que yo he experimentado en mi vida con aquellas regiones. Entonces hay cosas con las que me he sentido muy identificado de manera personal y yo creo que iría por ahí.
Y creo, o tengo fe, en que cada vez haya más gente interesada en esta región y en sus poblaciones, tanto antiguas como modernas. Creo que el mundo debe de ser un poquito más, vamos a decirlo que no suene tan comprometedor, debe de dejar de lado tantas diferencias y acercarse al otro. O sea, acercarse al otro y Mesopotamia y el mundo antiguo oriental me ha permitido comprender a la humanidad de una forma, vamos a decirlo, pues no sé si compleja, no sé si diferente, pero sí empática. Yo creo que sería eso: una forma de ver la vida más empática.
10. En relación con lo que ha dicho anteriormente de que allí las clases pueden llegar a cien estudiantes mientras que aquí son diez, por así decirlo. ¿En México y zonas ajenas no se ha notado ese desprestigio a las humanidades que se ha dado en los últimos años? Porque aquí, por ejemplo, las humanidades cada vez son peor vistas y es lo que usted ha dicho que la mayoría de gente te pregunta "¿y para qué vas a estudiar eso?".
Pues es que te podría decir que vivimos en un mundo en el que siempre se va a dar prioridad a lo práctico. Vivimos en un sistema donde se le da también privilegio a lo económico. Y pues también uno diría, y pasa muchas veces en México: estudiar humanidades sí es difícil, muy complicado porque sí puede haber ese estigma social y mucha gente también al contrario te anima. Pero en cuestión de practicidad a veces sí es muy difícil.
A mí me tocó trabajar de todo: de cajero, de limpiador, de vendedor de aguas. Gracias a Dios tuve becas y una familia que me apoyó y me impulsó. Pero sería, vamos a decir, cada vida es diferente, cada una tiene sus propias circunstancias, sus propias herramientas buenas o malas. Sí, en México hay una gran oferta en humanidades. En Ciudad de México hay muchísimas universidades: la UNAM, la Ibero, la UAM, la ENAH, donde se ofertan. Yo creo que fácil hay en Ciudad de México hay cuatro universidades de historia que dan la carrera de historia, y muchas de esas con matrícula completa. El problema de México es que muchas veces es más fácil que tú te gradúes aquí que allá. Pero es que sería analizar caso por caso, pero sí hay apoyo. Sí hay apoyo pero obviamente pues también allá como aquí privilegia lo práctico. Te dirían "¿por qué no estudiaste medicina en vez de historia o ingenierías?". Pero finalmente creo que también es una forma de enriquecer el espíritu y la sociedad necesita enriquecerse el espíritu. No puede ser todo materia, si no no existiríamos, no estaríamos aquí porque se nos requiere.
Son cuestiones numéricas. Pues sí aquí son ¿cuántos habitantes son en Valladolid? No lo sé, creo que no llegará al millón.
Pues imagínense en el área urbana de Ciudad de México que son 20 millones. Y así otros países de Latinoamérica que seguramente andan en los mismos números y hay oferta pero sí no son muchos los que se dedican a humanidades. Y la historia pues pasa lo mismo, sería analizar caso por caso.
Eso sí, en México lo que sí suele suceder es que la historia en la educación primaria, o sea en la educación de los niños, está como uno de los ejes fuertes. Se discute mucho, se discute mucho y es una vida cívica en la que la historia está completamente dentro de la sociedad. A veces pasa de manera desapercibida pero están ahí esos temas, sobre todo los relacionados con la independencia y el México moderno, pero están ahí. Ahora hay un boom interesante sobre el mundo mesoamericano que cada vez hay más gente interesada. Pero lo mismo, también es una cuestión global: arqueología muchas veces depende de recursos monetarios y a veces no los hay, y seguramente España también adolece de lo mismo, México también. Todos los países.
11. ¿Hay algún mito que pueda destacar acerca de Mesopotamia en la creencia popular que no sea así, como por ejemplo en el caso de Egipto de que las pirámides las construyeron esclavos o algo así? ¿Algo que rompa con esas ideas?
Por ejemplo, ahora que está la pseudo-ciencia habla mucho sobre los Anunnaki y cosas así o también esotéricas. Se prestan mucho los temas del Oriente Antiguo gracias al cine, a la literatura, la cuestión de los exorcismos, los demonios, o sea son temas que muchas veces llama a la gente. Y creo que eso también los historiadores podemos aprovechar para cambiarles el chip de la forma de pensar a las demás personas porque ya llegan con esta idea porque tienen ese bombardeo de información.
Uno se mete a ver cosas de Egipto y pues te vienen todas estas ideas, todos estos relatos que se empiezan a que están bastante extensivos, pero uno como historiador pues tiene que hacer ese trabajo de decir "okay, pues no no fueron esclavos", o sea se sabe que fueron trabajadores, que había cuadrillas, que incluso había un barrio que ayudaba a la construcción de las pirámides. En Oriente Próximo sí existían estos demonios, existían estos textos, pero es una cuestión más relacionada con el mundo religioso mesopotámico, con la tradición literaria. Entonces ahí ya sería más... Eso sí depende de la forma en cómo el historiador se comunica con el resto de la población y romper esos tabúes. Finalmente la población tiene derecho a acceder a estos conocimientos, o sea no es exclusivo del mundo académico. Nos quejamos de que no se comprende el mundo antiguo pero a veces no lo damos a conocer y sucede mucho, y nos enojamos así de "no, es que estás mal". Pues no, es creo que los culpables es la academia que no ha sabido transmitir ese mensaje correcto a la población para comprender el mundo mesopotámico.
Sí, porque me llega muchas veces lo que se sabe del mundo Mesopotamia pues muchas veces son cosas que han visto en los medios comunicativos. Entonces la desinformación está ahí, pero es tarea del historiador pues decir "sabes qué, de una manera empática, en buen diálogo pues hacerles cambiar esa idea". Y creo que la idea cuando haces bien ese trabajo la gente lo aprecia más: decir "ah, okay, las pirámides no fueron construidas por esclavos, fueron cuidadas por una cuadrilla, fue mucho más complejo el asunto". Y a veces la verdad resulta... bueno no la verdad, porque también tenemos otro tema, sino que pues el conocimiento que se ha generado de historia pues les ayuda a tener una comprensión mucho más fabulosa para ellos mismos del mundo antiguo.
Y Mesopotamia es un buen ejemplo: como apenas inicia la tradición en nuestros mundos hispanos pues lo que digamos pues es este, tenemos que ser responsables con lo que decimos y seguramente cuando lo transmitamos la gente va a decir "ah, okay, o sea el mundo mesopotámico es mucho más complejo de lo que creíamos". Ah, los sumerios pues no son tan diferentes a nosotros: bebían cerveza, bebían vino, tenían chistes entre las tablillas, o sea seguimos siendo humanos. O sea, no lo tenemos así en un pedestal "ah, los sumerios vivían toda la vida preocupados en la administración, en los temas de los dioses", no, seguramente tenían sus propios problemas y los textos nos han ayudado, las historias de Noah Kramer del estudiante preocupado porque le saca malas notas, o sea son seguimos siendo la misma humanidad. Entonces podemos encontrar todo esto.




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