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«De Gilgamesh al Lazarillo: La aventura de leer el mundo a través de los textos» Pedro Blanco Rubio

  • Foto del escritor: Clio
    Clio
  • 16 abr
  • 14 Min. de lectura

¿Quién es?


Pedro Blanco Rubio es Doctor en Filología Hispánica y una figura de referencia en el ámbito académico por su doble vertiente como investigador de la literatura española y especialista en las culturas del Próximo Oriente Antiguo.


Ejes de Especialización:


  • Literatura Española: Es un reputado experto en el siglo XVIII y la transición al XIX, con especial énfasis en la obra de Manuel José Quintana y la lírica ilustrada. Sus estudios analizan la conexión entre el pensamiento político y la creación literaria en la España moderna.


  • Estudios sobre Mesopotamia: En una faceta que lo distingue dentro del panorama intelectual, Blanco Rubio ha dedicado parte de su trayectoria y divulgación a la sumerología y la asiriología. Sus investigaciones en este campo:


    • La mitología y la épica sumeria, con trabajos destacados sobre el Poema de Gilgamesh.

    • El análisis de los orígenes de la civilización y la escritura en el Creciente Fértil.

    • La traducción y el comentario de textos cuneiformes, buscando puentes entre las estructuras literarias antiguas y la tradición occidental.


Su perfil combina la precisión del filólogo con la visión del historiador de las ideas. A través de numerosas publicaciones y conferencias, ha logrado acercar la complejidad de la cuna de la civilización mesopotámica al ámbito académico hispanohablante.


1. Usted viene del mundo de la literatura y el teatro. ¿Cómo se produce el tránsito hacia el estudio del cuneiforme y las lenguas del Oriente antiguo?


Bueno, ha venido por etapas. En primer lugar, me gustaba mucho la literatura y me llamó la atención desde niño toda la literatura que tiene que ver con el Génesis, la Biblia, los cuentos de Noé, de Abraham, de Isaac. Eso, digamos, me fascinó desde pequeño. Y después, cuando ya fui estudiando más la literatura, me metí a estudiar Filología Románica. Siempre me gustaron mucho las literaturas orientales, especialmente "Las mil y una noches".


Y después, ya cuando fui profesor, descubrí el poema de Gilgamesh. El poema de Gilgamesh me pareció tan maravilloso que cuando tuve oportunidad de profundizar en la literatura del Medio Oriente, empecé a descubrir muchas más cosas. Y así llegué, digamos, a esta admiración por el Medio Oriente.


Luego en León tuvimos un milagro, y es que apareció una persona para mí desconocida, que era entonces bastante joven, un sabio que se llama Don Jesús García Recio, y que se ofreció a dar clases de sumerio. Entonces, cuando yo vi la oportunidad de que alguien en León, un personaje que resultaba que traía pues un bagaje cultural para mí impresionante y luego resultó que era mucho más de lo que yo pensaba; hay un Museo Oriental y Bíblico en León que se debe a Don Jesús García Recio, que no solamente se conformó en traer cosas del Oriente, sino de crear una escuela en la que se estudia. Ahí se estudia el hebreo, se estudia el egipcio, se estudia el acadio, el sumerio, el griego, el latín. Y en ese pequeño núcleo de conocimientos del Medio Oriente pues me introduje, y así fue, digamos, avanzando en el conocimiento del cuneiforme.


2. Desde su perspectiva como profesor de literatura, ¿debemos considerar los textos cuneiformes como “literatura” en el sentido pleno del término?


Pues en la escritura cuneiforme aparecen mucha variedad de textos. Muchísimos textos, pues podemos decir cerca del millón que se encuentran hoy día. Si vamos a los museos del Louvre, del British, los que hay en Pensilvania, los que hay en Berlín...


Si se sumaran todas las tablillas, se llegaría a un millón. Pues muchísimas de ellas, muchísimas, son administrativas. Es decir, que hablan de contabilidad, de las cosas prácticas que no tienen mucho valor literario. O sea, simplemente mencionan ovejas, vacas, cabras.


A veces hay algunos rasgos que son poéticos, porque la misma escritura, la misma lengua sumeria, por ejemplo el sumerio, ya tiene expresiones que suenan a poética. Y a veces yo, pues he encontrado en algunas tablillas en que se habla cómo alguien da unas vacas a un templo y pone: "A la hora del atardecer" y tal. Y esa expresión del tiempo, que es a la hora del atardecer, cuando aparecen las estrellas, cuando aparece el momento de la diosa Inanna, pues digamos que esos pequeños rasgos pues suenan un poco como algo poético, pero no son poéticas. O sea, que la literatura aparece después, algo después de los registros, digamos, útiles y prácticos para la vida. Aparecen los escritos literarios que son himnos a los dioses, himnos a los reyes, o son poemas que hablan de héroes o hablan del inicio del mundo —son las primeras cosmogonías—. Entonces sí aparece la literatura, una literatura muy potente.


3. ¿Ha cambiado la manera de enseñar literatura en los últimos años? ¿Nota diferencias en la relación de los estudiantes con los textos? ¿Qué es lo que más ha cambiado en la mirada de los jóvenes hacia la literatura desde que usted empezó?


Bueno, yo ya me jubilé. Empecé a estudiar el sumerio y el acadio cuando todavía era profesor de literatura en un instituto de León. Y yo no sé si ha cambiado la literatura, pero cuando yo ya era profesor de literatura encontré que dentro de la fauna —vamos a decir— de profesores, pues había profesores a la antigua y había profesores innovadores en este país. La innovación de las humanidades en este país se inició antes de la muerte de Franco. Y cuando se muere Franco y empieza una reforma democrática, muchos jóvenes de entonces que estaban malviviendo como profesores en la universidad y malviviendo como profesores en los institutos —éramos muy jóvenes—, teníamos un gran deseo de transformar la sociedad, pero sobre todo de transformar el modo de enseñarlo todo.


Y yo, digamos que era uno de esos jóvenes innovadores que quería que la literatura no fuera una lista de autores en que se aprendieran obras o se aprendieran de memoria figuras retóricas; que fuera algo que realmente mostrara que la literatura hablaba de lo profundamente humano, hablaba de la sociedad, hablaba del alma.


Y éramos grupos de profesores que nos reuníamos fuera del instituto. Nosotros hemos estado, digamos, perdiendo el tiempo —que fue ganar el tiempo— en reuniones que eran horas y horas fuera del instituto para aprender cómo mostrar la enseñanza de la literatura. Yo, y muchos profesores también, con los muchachos nos interesaba mucho que leyeran y que escribieran. Era lo más importante. Es decir, que era preferible saber leer un poema y hacer un poema luego después, y discutir entre los demás las creaciones.


Y yo por eso me dediqué también al teatro, porque creía que el teatro era un medio de aprendizaje y de espejo de la sociedad. Los chicos en el teatro no aprendían a ser actores, pero aprendían a hablar en público, aprendían a inventar, es decir, aprendían a moverse, aprendían a utilizar el cuerpo. Y para eso, nosotros, aquellos profesores jóvenes, pues nos metimos en escuelas dramáticas para aprender. Es decir, que nosotros fuimos alumnos a la vez que maestros. Y yo pienso que la gran renovación de la literatura en la enseñanza está en que el profesor fue alumno y maestro al mismo tiempo. Yo pienso que en mi época —ya soy muy mayor— en mi época hubo esa... ese impulso renovador y sospecho que esa semilla ha quedado, y me temo que esa semilla igual está retrocediendo.


4. Como experto en gramática, ¿cómo observa fenómenos como el lenguaje inclusivo o el impacto de los anglicismos en las redes sociales? ¿Es una degradación o una evolución natural?


Yo pienso que en mucho de eso hay algo de verdad y hay mucho de ideología que dentro de poco será ropa vieja. Es decir, ha habido muchos intentos de renovar el lenguaje en la historia y que tuvieron un éxito digamos pequeño. Y lo de la inclusión yo pienso que... muchos de los aspectos inclusivos vienen de la ignorancia de lo que es la lengua, la lengua como un fenómeno humano.


Entonces la ideología a veces tapa esas ignorancias. Es decir, no podemos ser "todos, todas y todes". Eso es no conocer lo que es la lengua. Naturalmente que la lengua se adapta a las ideologías y a los pensamientos de cada tiempo, eso siempre ha pasado. Y hoy día, que tenemos una sensibilidad distinta en lo que es la mujer, por ejemplo, el mundo femenino que ha sido digamos un mundo olvidado, hoy día tiene que estar presente desde el punto de vista gramatical y también del uso de lo femenino. Pero eso no quita de que "los hombres" se pueda entender cómo los hombres y las mujeres en algunos contextos. Y en otros contextos habrá que decir "hombres y mujeres" porque quieres digamos enfatizar en que también son mujeres. Es decir, que es más fácil cambiar la mentalidad —decir cuando oigamos algo que hemos llamado masculino, en realidad es género "o"— pienses que es chico y chica. Es más fácil tener esa mentalidad que no decir "hay que duplicarlo en o/a". Es decir, nosotros tenemos... me parece, los que hicieron las gramáticas al decir género masculino y femenino, en realidad es género "o", género "a". Nosotros decimos "la mano", decimos "el poeta"... en fin, nosotros tenemos una lengua mucho más rica que la lengua de estropajo de la duplicación continua, que me parece que en muchas de ellas a veces es oportuna porque quieres enfatizar las dos cosas, pero otras veces es inoportuna porque está olvidando una ley del profunda de la lengua nuestra indoeuropea que viene del latín, y es que nosotros con la "o" digamos incluimos a la "a".


Y eso nos viene del fondo de los tiempos. Es decir, que "los niños son personas maravillosas" y no tenemos que decir "los niños y las niñas son personas maravillosas", porque se supone... es mejor pensar que cuando oigo yo "los niños son personas maravillosas" me refiero a los niños y a las niñas, a no ser que tenga yo niños y niñas delante y quiera decir "los niños y las niñas sois personas maravillosas". Entonces tiene sentido, ¿no? Es decir, yo creo que hoy día esa digamos ideología igualitaria de porrón es muy poco... va a tener un corto viaje.


5. ¿Diría que los lenguajes mesopotámicos eran complejos, o tenían interacciones sencillas?


No, eso no lo sé. Yo creo que casi todas las lenguas las vemos desde la nuestra. Por eso mucha gente cuando habla dice "como Dios manda", "yo hablo como Dios manda". Es decir, piensa que su lengua es la que Dios manda, es la verdadera. Entonces cuando, por ejemplo, una persona de una zona de España oye a otra que es "laísta", le corrige. Porque como... "es que eso no se dice así", "hay que ser leísta". En cambio, si uno estudia lingüística, por ejemplo de Saussure, se da cuenta que el gramático, el lingüista, tiene que escuchar al pueblo y luego explicar por qué habla así. No al revés, decir "esto es lo correcto y hay que imponerlo". Entonces, si hay una zona muy larga, muy grande, muy extensa que dice "la di un pañuelo" en vez de "le dio un pañuelo", habrá que estudiar por qué. ¿Por qué? Y de ahí... igual conviene decir: "hay gente que dice 'la di un pañuelo' en vez de 'le di un pañuelo', pero no dice mal porque lo dice, y hay que explicarlo". Bueno, pues eso nos pasa con casi todo.


Entonces, cuando nosotros, en la lingüística, se empezó a estudiar idiomas muy diversos a los europeos, pues hubo gente que pensaba que hablaban idiomas primitivos, que eran muy simplones. Y es que era la ignorancia. Resulta que gente ágrafa tenía idiomas complejísimos, tan complejos como los indoeuropeos, aunque estuvieran en el fondo de las selvas de Amazonía.. ¿Y entonces son lenguas más simples, menos simples, más complejas, menos complejas? Yo pienso que todas las lenguas son complejas. Y no sé si se puede decir que sea una más o menos. De ahí la dificultad de la traducción. Es decir, nosotros en las lenguas tenemos como las manos. Las manos nos sirven para agarrar. Pero cuando comparamos dos manos, dos lenguas, no las comparamos uniendo los dedos unos con otros. No se da nunca eso, se da esto [gesto de cruzar las manos]. Entonces hay zonas que coinciden y hay zonas que no coinciden. Pero cuando no coinciden no puedes decir "esa lengua es que no vale". No, es que no coincide. Esa lengua es tan mano que agarra todo como esta otra tuya que es mano que agarra todo. Yo pienso que hay que pensar un poco en ese sentido, que no hay lenguas primitivas. Todas las lenguas son complejas. Y el sumerio pues es una lengua... una lengua compleja también.


6. Volviendo al método actual de la enseñanza, ¿Qué opina usted de la sintaxis? ¿Considera que se le da demasiada importancia?


Hombre, yo acerca de la sintaxis pienso... yo cuando daba clase de bachillerato me preocupaba de la sintaxis no mucho. Me interesaba mucho más la semántica, por ejemplo. Y me interesaba mucho más los trabajos escritos y orales que fueran, digamos, pertinentes y correctos en los muchachos. Porque un campesino puede hablar perfectamente con una sintaxis perfecta y no conocer ninguna categoría gramatical. Además, las categorías gramaticales, si nosotros vemos la gramática, vemos que han ido ampliándose desde los griegos hasta nuestra época. Es decir, que una cosa es el estudio de los eruditos sobre lo que es la lengua y descubrir la sintaxis, y otra cosa es que haya que gastar el tiempo, sobre todo en ciertas etapas de la educación, en ser un técnico en sintaxis, un técnico teórico.


Yo pienso que eso es perder el tiempo, desde el punto de que el tiempo es limitado para aprender lo que es la lengua en su eficacia, ¿no? Ahora, que uno tiene que hacer un estudio filológico porque es un técnico como Chomsky, pues naturalmente, Chomsky tendrá que aprender y enseña mucha gramática chomskyana, ¿no? Pero que un muchacho tenga que estudiar lo que es el sustrato profundo y todas las vías de la gramática generativa para aprender lo que es una lengua, yo no lo creo. Creo que tiene que haber gente, discípulos de Chomsky, eso sí, que tiene que haber eruditos, como en la química, en la física, etcétera, eruditos de alto nivel que estudien todas esas cosas, pero dudo de que eso sea eficaz imponerlo a los alumnos,


No obstante, yo pienso que es interesante conocer la sintaxis, pasa que todo tiene construcción. La sintaxis es la construcción. Es decir, que un médico tiene que saber cuál es la estructura del cuerpo humano y nosotros tenemos que conocer pues cuál es la construcción de las lenguas nuestras, porque además cuando uno estudia las lenguas ve que es muy eficaz conocer tu propia sintaxis y ver la relación que hay con otras lenguas, incluso para el aprendizaje práctico. Pero eso no tiene que llegar, digamos, a algo exhaustivo, no tiene que llegar a los niveles de Chomsky, ni de la gramática generativa, y ni siquiera de Coseriu. Es decir, todo depende de los niveles de estudio que uno elige.


7. Después de tantos años enseñando y escribiendo, ¿qué lección le ha dado la literatura a usted que no haya encontrado en ningún manual de texto?


Ese "no tener", esa conciencia de no tener, es la que hace que nosotros estudiemos y que sepamos. Eso ya lo habla de ello Platón. Es decir, que nosotros los seres humanos aprendemos porque sabemos que no sabemos. Y tener esa sensación cuando uno estudia es una sensación muy sana. Eso hace, cuando yo era estudiante, eso hace que algunos estudiantes de entonces buscáramos a gente que nos enseñara. E íbamos a conferencias, íbamos a cine, íbamos a teatro, íbamos a conciertos, porque queríamos saber. Queríamos saber porque sabíamos que no sabíamos. Y yo pienso que transmitir eso... la universidad tiene que transmitir eso.


8. Si tuviera que elegir un solo autor o libro clásico que sea 'imprescindible' para entender el mundo actual, ¿cuál sería y por qué?


No sé, eso diría ahora uno, después diría otro... No sé. Claro, depende... Un libro, un libro clásico, un libro... un libro que a mí me parece magnífico es el Lazarillo de Tormes. Me parece agua clara, agua limpia. "Pues sepa vuestra merced que a mí llaman Lázaro...". Es empezar por un "pues", que es una incorrección, digamos, un profesor diría "esto no se empieza por pues, nunca pues". Pero es como nosotros hablamos así, "pues...". Y sobre todo si oyes a un mexicano: "pues...". Pues sepa vuestra merced", ese aire de que está hablando alguien, y que es alguien sencillísimo, alguien del pueblo, ¿no? "Pues sepa que a mí llaman...", y empieza a decir por su nombre. Ya todo me parece una maravilla. Y luego, que sea tan corto. Es decir, que a veces cuando coges un libro tan largo te abruma, pero que sea tan breve y que sea una juerga, sea tan sencillo y que diga tantas cosas que no se da uno cuenta que las dice hasta que no lo lees por segunda vez.


Y dices: "anda, lo que está diciendo, menudo lo que está diciendo este Lazarillo de Tormes", que termina, resulta, casándose con la querida del cura. Y no lo dice, te das cuenta que para poder sobrevivir, para poder tirar hacia adelante en una España que era la gloriosa España, la España imperial, resulta que se corrompe moralmente con una persona que además tiene que dar modelos de virtud, que es el arcipreste de Toledo, que tiene una querida y hace que se case con la querida del arcipreste de Toledo, pero que vive al lado, y hay una puerta que pasa de casa a casa. Todo eso está dicho en el Lazarillo de Tormes y casi nadie se da cuenta que lo dice. Y esa inteligencia me parece maravillosa, y esa es la literatura. Ese es un libro maravilloso. Pero podría decir otros, a mí me han gustado siempre "Las mil y una noches", por ejemplo.


9. ¿Qué crees que significa la escritura para la Mesopotamia?


En Mesopotamia, cuando se inventa la escritura, hay como un afán de escribir, hay una manía de escribir. Es un aprecio por la escritura impresionante. Y la escritura significaba tanto que cuando alguien iba a los infiernos, había un escribano y le registraba. Hasta en el mundo de los infiernos se registraba quién entraba. Y en el mundo de los cielos también, escribas había en todas partes. La escritura era importantísima.


En Mesopotamia lo que era importante era el nombre. Si las cosas no tenían nombre, no existían. Para existir había que tener nombre, y el nombre quedaba fijado en la escritura. Entonces, como hay una relación entre nombre y existencia, si además está escrito, está fijado, y por eso tanta importancia en la escritura.


Los dioses, el dios de los dioses, Enlil, que es el rey de los dioses prácticamente. Enlil tiene, la Tabla de los Destinos. Es decir, los "me" que están escritos. Quien tiene los "me", quien tiene la Tabla de los Destinos, tiene todo el mundo, tiene el poder del mundo. ¿Por qué? Porque están escrito. Para los mesopotámicos, el dueño del mundo era quien tuviera la escritura


10. ¿Considera que hoy en día hay alguna obra de la literatura que esté sobrevalorada y algunas que, por ejemplo, puedan llegar a tener mucha trascendencia pero no se les da el reconocimiento merecido?


Es que no lo sé decir, eso no te lo sé decir. ¿Sabes qué sucede? Siento mucho pudor en convertirme en crítico literario. Me gusta mucho la crítica literaria de algunos, leerla. Cuando la crítica es guía y la crítica no es dogmática, porque hay una crítica dogmática que dice "esto está bien por esto, esto está mal por esto", pero cuando hay una crítica que sirve para descifrar las cosas, es orientativa y es profunda, a mí me gusta muchísimo. Y me gusta como lector pasivo de esa crítica, pero sería incapaz de ser un crítico yo. Me da mucho pudor de... y no sabría decir si habría una obra que yo digamos diría "esto dentro de diez años no va a valer para nada, esta que no vale para nada va a valer para mucho", no lo sabría decir.


De hecho, las obras literarias desde la antigüedad su valoración ha ido cambiando. Hay obras que pasaron inadvertidas en su época y luego resulta que se han admirado muchísimo, y al revés. O sea, que yo creo que nos pasará exactamente lo mismo. Por ejemplo, el Quijote fue admirado desde el principio y nunca ha perdido digamos el brío desde el principio. Pero por ejemplo, el Quijote, que fue admirado desde el principio, fue admirado sobre todo por los escritores y lectores europeos no españoles. Es curioso. En España no se valoró tanto. El Quijote se valoró como un libro cómico, la gente se partía de risa, pero en Inglaterra, en Alemania y en Francia se vio que era un libro mucho más profundo, descomunal. Y nosotros hemos digamos obviado ese Quijote polifacético, impresionante y grande, lo hemos olvidado hasta que llegó don Benito Pérez Galdós. Don Benito Pérez Galdós enlaza con Cervantes. Nuestra literatura española ha tenido un bache del siglo XVIII y principios del XIX hasta que llega don Benito. Es Benito Pérez Galdós el que conecta con Cervantes y la línea cervantina, que es el inventor de la novela moderna y que se desarrolla en Europa. ¿Y dónde descubrió don Benito Pérez Galdós a ese Cervantes? Leyendo a los ingleses. leyendo a Dickens, leyendo a Balzac, descubrió que lo que hacían los franceses y los ingleses era lo que había hecho Cervantes. Y dijo don Benito: "pues voy a la fuente, que es la mía", y fue directamente a Cervantes. Y nosotros hemos conectado con Cervantes gracias a don Benito Pérez Galdós.


Tenemos toda la literatura hispanoamericana que viene después, tan rica y tan potente, yo pienso que viene por haber conectado con esa literatura que nosotros la habíamos tenido como una literatura casi menor de don Benito Pérez Galdós. Entonces los avatares de las grandes obras pues no sabes cómo van a ser. O sea, no sé qué pasará en el futuro con lo que hay hoy día, si subirán o bajarán. No lo sé, pero eso es lo que ha ido pasando en la literatura.

 
 
 

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